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viernes, 28 de agosto de 2015

Patty Pataletas

Habia una vez una niña muy linda pero muy engreida de nombre Patty. Como todo lo resolvía con pataletas, en el barrio y en la escuela le decían Patty pataletas.

Patty vivía con sus papás, que la querían mucho pero no sabían como hacer para que Patty deje de portarse tan mal. No le gustaba ayudar en casa, era gritona y malcriada con sus papás y su nana, y cuando jugaba con sus amigos, siempre era lo mismo; a Patty no le gustaba compartir sus juguetes, siempre quería que jueguen a lo que ella decía y cuando no le hacían caso, hacía una pataleta.

La actitud de Patty no le gustaba a sus amigos, y ella no se había dado cuenta, pero se estaban comenzando a alejar cada vez mas con tanta pataleta y maltrato. Preferían jugar entre ellos y dejaron de ir a visitarla a su casa. Cuando se encontraban, sólo jugaban con ella por que si le decían que no querían jugar, Patty hacía pataletas

Patty esperaba con mucha ilusión el día de su cumpleaños, y en casa le habían organizado una linda fiesta a la que invitaron a todos sus amigos. Cuando el día de la fiesta de cumpleaños llegó, nadie fue a visitarla. Patty pasó su fiesta de cumpleaños solita , y cuando se hizo de noche, se puso a llorar.

Entonces su papá, que había estado con ella todo el día, se enteró que ningún amigo había asistido a su cumpleaños porque Patty se había portado mal con todos ellos.

Papá le explicó a Patty la importancia de compartir y ser amable y respetuoso con los demás, por que esa es la unica forma de convivir en sociedad y hacer buenos amigos. Al terminar la charla sacó un paquete envuelto para regalo, abrazó a Patty y se lo dió diciendo:

-  Esta es mi sorpresa, felicidades!

Patty sonrió y abrió el paquete de inmediato. Eran unos hermosos zapatos, justo los que le había pedido dias atrás. a pesar que ya era hora de dormir, se los puso y caminó con ellos un rato

- Chuic chuic, chuic chuic - chillaban los zapatos

- Están muy lindos, pero creo que me quedan muy justos, y qué extraño ruído hacen! - Dijo Patty
- Debe ser por que están muy nuevos, tienes que usarlos mas seguido para que te acostumbres a ellos. Ahora cepíllate los dientes y ve a dormir, por que mañana debes volver a la escuela -  Contestó papá.
- Sí, mañana iré a la escuela, seré buena con todos y todos me querrán otra vez! ya no seré Patty pataletas, ahora seré Patty la buena! 

Patty durmió esa noche muy contenta esperando el nuevo día para demostrar que sería buena esta vez, y todo sería diferente. Cuando llegó la mañana, Patty fue a la escuela llevando sus zapatos nuevos y su nueva actitud también.

- chuic chuic, chuic chuic - chillaban los zapatos
- Que lindos son, pero que raro suenan! - pensaba Patty en el camino

Ese día en la escuela Patty intentó ser amable y compartir, pero sus amigos no le hacían caso y no jugaban con ella. Se enfureció e hizo su pataleta, pero esta vez la ignoraron.

Patty volvió muy enojada esa tarde. Mientras caminaba de regreso a casa pensaba, de qué servía portarse bien si nadie le creía?

- Chuic chuic, chuic chuic - chillaban los zapatos
- Estoy harta de estos zapatos chillones! - refunfuñaba Patty

Al llegar a casa, Patty hizo otra pataleta

- No quiero volver a la escuela nunca más! Ya no quiero estos zapatos! Buaaa ! - Repetía

Papá, que vio lo que ocurría, se le acercó, tomó los zapatos y le dijo:

- Necesitas mas tiempo para que tu te acostumbres a estos nuevos zapatos y ellos también a ti. Debes tener paciencia. No crees que pasa igual con tus amigos? ellos te conocen como Patty pataletas y no han tenido tiempo suficiente para notar que estas cambiando. Si quieres recuperar a tus amigos, debes esforzarte para que tu cambio sea permanente y ellos se acostumbren a la nueva Patty, Debes perseverar!

Los días pasaron, y Patty hizo lo que Papá aconsejó. No está segura de cuándo volvió a juntarse con sus amigos, ahora tiene muchos mas y sólo se preocupa en hacer las tareas, divertirse, compartir y pasar momentos felices. 

Y los zapatos? 

Ya no se les escucha chillar, así como ya no escuchamos mas las pataletas de Patty.

FIN

martes, 22 de abril de 2014

La Bicicleta


Feliz cumpleaños!

Era la mañana de su cumpleaños, y al despertar, Pamelita encontró un enorme paquete de regalo. Y ya sabía lo que era!

Estaba justo frente a su cama, seguramente Papá se la había dejado ahí la noche anterior. Por el tamaño y esa forma, no podía ser otra cosa... toda plana y apoyada en la pared, la forma de las ruedas... se bajó rápidamente de la cama y se disponía a destrozar el papel de regalo cuando escuchó una voz que llegaba desde la cocina a través del pasillo...

- Buenos días Pamela! Feliz cumpleaños! - Dijo mamá al sentir el alboroto
- Buenos días Mamá, Buenos días Papá! - Respondió Pame casi sin dejar de destrozar el papel.

Era una Bicicleta!. Tenía color rosado casi en todas partes, menos en el manubrio y el asiento, que eran de color blanco. Tenía también una hermosa canastilla al frente y estaba toda estampada con su caricatura favorita...

- Qué linda es! Papi, Mami, puedo salir a jugar afuera? - Preguntó Pame mientras entraba a la cocina llevando su nueva bici rodando al lado
- Pues tomate la leche primero, y luego podrás salir un rato - contestó Mamá - además debes ponerte el caso y las rodilleras, eh, y tu padre aún está desayunando.

Papá y mamá nunca habían visto a Pame tomar la leche tan rápido en toda su vida. Que emoción, como ya cumplió tres años y es ya una niña grande, ahora podría dejar su viejo patín, ése con el que jugo todo el año y podrá aprender a montar en bicicleta. Con rueditas, pero bicicleta al fin.

- Listo! vamos Papi?
- Mmmm.. Bueno vamos! - Dijo papá mientras dejaba a un lado la taza de café

Salieron por el patio hasta la calle. Papá llevaba la bicicleta y Pame corría y saltaba de impaciencia. Una vez fuera, papá ayudó a Pame a subir a la bici.

- Sólo debes mirar de frente y comenzar a pedalear... Lista?
- Lista!



No te distraigas

Pame pedaleó con fuerza y comenzó a avanzar por la vereda. Era su primera vez manejando bicicleta pero se sentía muy segura por que la bici tenía rueditas y además papá iba corriendo a su lado. Ambos corrían y reían cuando Pame volteó a mirar a Papá mientras le hablaba..

- Qué tal lo estoy haciendo Papi?
- Mira el camino! - Respondió papá casi de inmediato

Pame se asustó un poco con el grito de papá y volteó rápidamente  hacia el frente, justo a tiempo ya que se acercaba peligrosamente a la pared de una casa. Enderezó el timón sobre la marcha y siguió pedaleando.

- No quites la vista del camino hijita, que puedes chocar con algo si no te fijas por donde vas - Le dijo papá, un poco más tranquilo y siempre corriendo junto a ella. Demos vuelta a la izquierda en aquella esquina.

Pame obedeció a su papá y dio la vuelta hacia la izquierda. La idea era dar una vuelta a la manzana y luego volver a casa. Papá pensaba que para ser la primera vez en bicicleta estaba bastante bien dar una o dos vueltas a la manzana solamente. Más adelante irían por nuevas aventuras

La calle donde voltearon era la más tranquila del barrio. A lo lejos se veía una hermosa casa muy grande de color blanco y con muchos adornos de piedra. En ella vivía el pequeño Marco, un niño muy engreído que tenía masomenos la misma edad de Pame


Levántate!

Marquito el engreído era hijo del señor Rodolfo, un tipo que seguramente era alguien importante por que en su casa siempre había mucha gente y marquito andaba todo el tiempo acompañado de dos Nanas.

Hacía poco había sido el cumpleaños de marquito también, pero a el le habían regalado un precioso coche  eléctrico. Cuando Pame pasó con su Papá por la acera de enfrente justo estaba Marquito paseando con su coche eléctrico, seguido al trote por sus dos Nanas. - Corran!- Les gritaba - Alcáncenme si pueden! - Y se reía burlonamente mientras tocaba la bocina para que la gente que asaba por ahí le abriera el paso

- Qué niño tan malcriado!- Pensaba Papá
- Qué carrito tan lindo! - Pensaba Pame

Estaban ambos perdidos en la escena, tan distraidos que no notaron que se acercaban a un gran bache que había en la pista. Cada vez mas cerca hasta que...

CATAPLUM!

La rueda delantera de la bici cayó al agujero y la pobre Pamelita siguió de largo, cayendo un poco mas adelante. Papá cayó también, de rodillas y luego al suelo, pero se paró rápidamente para evitar el papelón y atender a Pame. Había que aguantar el dolor en ese momento, luego en casa se frotaría las rodillas con alguna cremita.

- Pame! Pame! - Decía Papá mientras le ayudaba a levantarse - Todo bien? te golpeaste mucho? donde?
- Ayayay! - Decía Pame, quien lloraba mas por el susto y verguenza que por el dolor. Afortunadamente Mamá le hizo ponerse el caso y las rodilleras, así que la verdad no dolía mucho, pero una caída así de aparatosa ameritaba algo de llanto...

Mientras tanto Marquito había parado a ver la escena, y reía mientras señalaba la escena con el dedo

- Se cayó, Pame se cayó! Jajaja!- Decía y miraba a sus Nanas

Pero Papá no hizo caso, y luego de verificar que todo estaba bien con Pame y su Bici le dijo que la caída no pasó de un susto

- Ay Pame esta vez ambos estuvimos distraídos. Te das cuenta ahora? si nos distraemos y quitamos la vista del camino tarde o temprano caeremos. Ahora no hagas caso a Marquito y sigamos adelante. Qué te parece si vamos por un helado para calmar el dolor?

- Ya! - respondió Pame casi sin que papá hubiera teminado de hablar. El llanto terminó de pronto y las risas de Marquito se fueron haciendo cada vez mas lejanas, y siguieron su camino rápidamente.

- La Heladería hacia la derecha al final de la siguiente calle, vamos! - Dijo Papá entusiasmado. El también necesitaba un helado...


Pobrecito pajarito

Pame y su papá dieron vuelta a la calle y se encontraron con una enorme cuesta arriba, que al final dejaba ver el colorido toldo de la heladería. En ella atendía la señora Rosita, una señora muy buena  que vendía los helados mas ricos que Pame había probado..

Pero Pame se detuvo de inmediato, porque para ella ese camino era en verdad atemorizante...nunca había notado lo grande que era la cuesta, porque siempre había llegado a la heladería en auto, cochecito o en los brazos de papá, pero ahora el desafío era sólo para ella. Probablemente no era gran cosa para un adulto, pero para una pequeña de 3 años era realmente un reto.

Papá notó los ojazos de Pame, y le dijo:

- Te puedo llevar en brazos si quieres, o como ya eres una niña grande puedes hacerlo tu misma. Tú decides..

Pame era una niña grande. Le había dicho a papá y mamá que al cumplir los 3 años ya no la trataran como bebé, y ahora cómo haría para pedir que la suban en brazos?

Mientras recorría con la mirada una y otra vez la enorme subida antes de responder, Pame notó algo extraño y muy pequeñito moviéndose en la vereda a pocos metros de ella

- Mira papá! - gritó mientras se acercaba presurosa

Papá avanzó junto a ella y lo vio también, era un pequeño polluelo que había caído del nido.

- Oh! es un pajarito!

Papá miró de inmediato alrededor y encontró el nido no muy alto entre las ramas de un manzano que crecía en el jardín frente a una vieja casa de ladrillo. El árbol era grande y las ramas hacían algo de sombra en la vereda.

- Seguro alguno de los chicos que juegan fútbol movió el árbol de un pelotazo y este infortunado cayó al suelo - decía papá mientras intentaba levantarlo con cuidado - Se está moviendo, espero que no esté mal herido

- Lo llevamos al doctor? - Preguntó Pame

- El doctor para los animalitos se llama veterinario, pero no podemos llevarlo, porque su madre volverá pronto y si no lo ve en el nido tal vez ya no lo reconozca después. Es mejor dejarlo nuevamente aquí en su  nido y esperar que con los cuidados de su madre se recupere pronto.

- Y cómo sabremos si se pone mal o se cura? mejor lo llevamos a casa!

- No Pame, no siempre podemos resolverlo todo, a veces debemos dejar que la naturaleza siga su curso. Nosotros también debemos seguir adelante, ya hicimos todo lo que estaba en nuestras manos. Ahora vamos por ese helado!

Pame avanzó con la Bici un poco, y miró hacia atrás por última vez. Seguro estarían bien, ahora debía seguir adelante, como dijo papá... A la heladería!


La Heladería

A ver Pame, el secreto está en pedalear con fuerza antes de comenzar a subir, y luego no detenerse hasta llegar arriba, lista?

- Lista! - gritó Pame muy segura de sí
- Pues vamos!

Pame pedaleó con todas sus fuerzas y avanzó rápidamente, pero muy pronto comenzó la cuesta arriba y la velocidad comenzó a disminuir

-Ay! los pedales se pusieron duros! - Se quejó Pame mientras intentaba seguir pedaleando
- No te detengas, si lo haces te será mucho mas difícil continuar - Contestó papá - Tú puedes hacerlo, esfuérzate un poco mas! verás que llegarás a la cima más pronto de lo que imaginas

Eso de querer ser una niña grande no era nada fácil. a veces la pendiente no era tan dura, lo que permitía a Pame tomar impulso nuevamente. Papá la seguía caminando, ya no era necesario para el ir tan rápido por que Pame iba realmente despacio, la primera vez en todo el trayecto.

-Pedalea con fuerza! ya estamos por llegar.. - decía papá para animar a Pame -  Un poquito mas!

Pero ya no era necesario. Pame veía tan cerca la Heladería que siguió pedaleando y logró subir. Al llegar papá y ella estaban exhaustos pero felices

- Llegamos! Yeeeee! - Exclamaron riendo - Después del esfuerzo viene la recompensa, así que... a comer helados!

La heladería era magnifica con helados de todos sabores. Choco chip y lúcuma eran sus favoritos, pero también de Chocolate, coco, chicle o todo junto... qué delicia!!

Comieron hasta hartarse y se la pasaron sentados bajo una mesita con sombrilla, descansando y mirando la ciudad desde lo alto por un rato.

- La pasamos bien verdad? pero ya es hora de volver
- Sí, mamá se quedó sola en casa preparando el almuerzo y ya debe estar preocupada - Dijo Pame

El camino de regreso fue fácil y divertido. Al llegar a casa estaban muy sonrientes, pero agotados y sucios. Mama los vio y se sorprendió de verlos así..

-Ustedes sí que se tardaron - dijo Mamá - Me cuentas Pame? qué tal tu primer paseo en bici?

- Divertidísimo mamá!, ahora se andar en bici y además también aprendí un montón de cosas nuevas - respondió Pame mientras acercaba su banquito para lavarse las manos

- Un montón de cosas? como qué? - preguntó mamá mientras miraba a papá que lucía también interesado en lo que respondería Pame

- Buenooo..- decía Pame mientras iba recordando todo lo vivido en esa primera gran aventura

- Ya! Aprendí que debo ver siempre el camino y no distraerme por que me puedo caer... Pero si me caigo, debo levantarme, sacudirme y seguir adelante. Si sigo adelante, el dolor y las burlas se pasan muy rápido...
- A veces en el camino puedes encontrar cosas tristes, como un pajarito fuera de su nido... es bueno detenerse y ayudar pero si no puedes hacer más, entonces hay que seguir avanzando...

Ah, y una cosa más...

- Queeee?!?! - dijeron papá y mamá al mismo tiempo

- Pues que la cuesta arriba es siempre la más difícil, pero la recompensa es deliciosa!


FIN

viernes, 15 de noviembre de 2013

La piedra en el hoyo

Dedicado a Ricardo Ancasi Huacoto, extraordinaria persona, padre y amigo.

Había una vez un Granjero que tenía 3 hijos, vivían en una hermosa granja donde sembraban toda clase de granos y vegetales, que después cosechaban y vendían en el pueblo.

Un día, el granjero pidió a sus hijos que preparen el campo para sembrar maíz. Era una tarea difícil, ya que tenían que recorrer todo el terreno limpiándolo de las cosas que pudiesen arruinar la cosecha. Como eran muy buenos y les gustaba ayudar a su padre, los hermanos se pusieron  a trabajar en seguida.

Había pasado un buen rato de arduo trabajo, cuando uno de los hermanos, se encontró con una enorme piedra en medio del terreno. Como era el mas fuerte, intentó mover la piedra sin decir nada a nadie, pero por mas que trató de quitarla, no pudo hacerlo, y tanto esfuerzo se lastimó las manos, por lo que terminó quejándose de dolor.

Ante todo el escándalo, los otros dos hermanos se acercaron a ver lo que ocurría, y al enterarse de lo que había pasado se burlaron de él por su torpeza.

El segundo de los hermanos, que era el más rápido, les dijo que el podría mover la piedra sin mayor problema. Para demostrarlo, cogió su pala y se puso a cavar alrededor de la piedra para poder quitarla con facilidad. Cavó y cavó, pero era tan grande la piedra que no logró cavar suficiente, y terminó por romper su pala de tanto cavar. Como era de esperarse, los otros dos hermanos se burlaron también de el.

El tercer hermano, que era el mas astuto,  sabia que él tampoco podría mover la piedra, así que sólo les dijo que el podría moverla si quisiera, pero se negó a hacerlo.

Así que pasaron todo el día retándose entre ellos, hasta que anocheció y al final no pudieron terminar su trabajo.

Al día siguiente, su papá les preguntó

- Buenos días niños, cómo les fue ayer con la limpieza? estamos listos para iniciar la siembra hoy?
- Mmmm.. la verdad....

Los tres hermanos le contaron a Papá lo que había pasado, pero sólo dijeron que  habían encontrado una enorme piedra en el campo y era imposible moverla.

Entonces papá fue con ellos a ver la piedra, y se encontró que efectivamente era una piedra grande y difícil de quitar en medio del campo. Les pregunto a sus hijos y cada uno le explico como había tratado de quitar la piedra y nuevamente comenzaron a reñir entre ellos

Hijos míos - Dijo Papá - Lamento mucho que hayan tenido esa actitud y sean tan orgullosos. Competir es bueno y nos ayuda a querer siempre ser mejores, pero si queremos lograr cosas realmente grandes entonces hay que comprender que es necesario saber pedir ayuda y trabajar en equipo.

Entonces le dijo a uno  sujeta aquí, y al otro sujeta allá, y al otro, tira con fuerza! y en poco tiempo lograron sacar la enorme piedra del campo de cultivo. Espero que hayan aprendido algo hoy -  Les dijo.

Esa cosecha fue la mejor en muchos años, y lo celebraron con una fiesta. Cuando terminaron las vacaciones, los hijos del granjero tuvieron que ir a la escuela. Al retornar el primer día, papa les preguntó que tal les había ido.

Estudiar es muy difícil papá, casi tanto como sacar una piedra grande de un hoyo!

Papá se hechó a reír y respondió:

Difícil tal vez, pero no imposible

FIN




martes, 6 de agosto de 2013

El deseo de Gonzalito

Esta es la historia de un niño al que se le cumplió un curioso deseo, el día de su cumpleaños.

Gonzalito es un niño pequeño, pero lo suficientemente grande para tener que ir a la escuela. Todos los días, al volver de clase, almuerza y ve tele un rato. Luego hace las tareas y repasa la clase del día; después se pone a jugar mientras espera que lleguen sus padres. Pero como ambos trabajan hasta muy tarde, cuando llegan a casa, a veces Gonzalito ya se ha quedado dormido.

Los días favoritos de Gonzalito son los domingos, por que además que no tiene que levantarse tan temprano como cuando hay escuela, papá y mamá no trabajan, así que pasan todo el día juntos. - Qué lindos son los domingos! siempre nos levantamos tarde, y luego de la misa vamos a caminar por el parque y a veces hasta salimos a comer fuera. Ojalá todos los días pudieran ser como los domingos -  Pensaba Gonzalito.

Un día llegó su cumpleaños número 6, y mamá le preparó torta de chocolate para celebrar. Algunos amigos fueron a saludar a Gonzalito, algunos llevaron regalos y otros no, pero eso no le importaba por que para él lo importante era pasar un buen rato y divertirse con sus mejores amigos. Todos se quedaron a jugar esa tarde y se divirtieron muchísimo. Al caer la noche y antes que todos se vayan, mamá salió de la cocina con una enorme y riquísima torta de cumpleaños adornada con 6 coloridas velitas. Todos cantaron y aplaudieron hasta que a Gonzalito le tocó soplar las velas.

- Sopla! - Decía uno -  Pero antes pide un deseo!.-  Decía otro..

Por supuesto que pediría un deseo esa noche!. La verdad  Gonzalito era lo suficientemente grande también para saber que eso de los deseos no era del todo cierto, pero no por que en el fondo no lo creyera, sino que algunos chicos mayores le habían contado. Igual tenía tantas ganas de pedir un deseo, que pensó que no habría mejor oportunidad que ésta.

- Sopla!, Sopla las velas!

Gonzalito se acercó a la torta, cerró los ojos y pensó en su deseo:

- Quiero que todos los días sean días domingo! así podré estar con mis papás y nos divertiremos juntos siempre! - Y sin más demora sopló las velitas.

Todos aplaudieron felices. Mamá repartió la torta a los invitados, pronto uno a uno todos se fueron a sus casas. Gonzalito se fue a dormir y así terminó su cumpleaños número 6.

Al día siguiente lo despertó un alboroto. Se asomó por la ventana y vio a su Papá cargando cosas en el auto.  Gonzalito abrió la ventana y le preguntó:

- Buenos días papá!, qué estás haciendo?
- Buenos días hijo! Baja rápido y ayudame a cargar la parrilla y las cosas para ir al campo de paseo!
- Pero debo alistarme para ir a la escuela!
- Escuela? Nadie va los domingos...

Era domingo nuevamente! Gonzalito no lo podía creer, su deseo se había cumplido.  Pero no le dijo a nadie, por que tal vez si alguien mas se enteraba todo volvería a la normalidad.

Fue un día feliz, misa temprano, luego desayuno con jugo de frutas y luego fueron al parque, a la feria, cenaron pizza, fue un día perfecto.

El siguiente día fue domingo también.. fueron a misa, pero no había dinero para la feria, así que solo fueron un rato al parque y tampoco compraron pizza por que ya habían comido ayer, además era uno no puede comer fuera a diario.

El día siguiente, a pesar de ser nuevamente domingo, ya no fue tan divertido. Gonzalito estaba feliz de tener a sus papas siempre en casa, pero también notaba que ellos se veían cada vez mas preocupados. algo no estaba bien, y nuestro pequeño amigo empezaba a darse cuenta...

Ese día oyó por la radio que la feria estaba cerrada, porque no había algodón de azúcar, se habían terminado los boletos para entrar a los juegos y también los premios. El parque también estaba cerrado, el pasto había crecido demasiado y el jardinero arreglaba el parque los lunes.

Está todo mal! - Exclamó Gonzalito - cómo no me dí cuenta antes? no puede ser siempre domingo, por que todo tiene un orden y todos, chicos y grandes, tienen sus obligaciones y se necesitan todos los días de la semana para poder hacer todo ello. Ahora las calles están vacías y sucias, la escuela abandonada y papá no puede regresar al trabajo...

Gonzalito le contó a Papá lo que había pasado con su deseo de cumpleaños y que ahora no sabia como reparar el daño. Su papá se sentó a su lado y le dijo:

- Hijo, acaso no sabes lo importante que es trabajar? gracias al trabajo mio y el de mamá podemos tener todas las cosas que necesitamos, y también todas las cosas que queremos... acaso no te gusta tu regalo de cumpleaños? todos siempre queremos tener mas cosas, verdad? - Le preguntó Papá a Gonzalito.

- Pues en verdad yo prefiero tener mas tiempo con ustedes que tener mas cosas, por eso me gustan tanto los domingos. Durante la semana casi nunca los veo y pensé que si fuese siempre domingo, entonces podría estar junto a ustedes siempre. - Papá escuchó sorprendido la respuesta del pequeño, y le prometió hablar con mamá para tratar de pasar mas tiempo con el.

Pero ahora debían tratar de resolver el problema del domingo eterno, pero no sabían como. Gonzalito pensó, que si pudiera cambiar de deseo, lo que pediría es tener mas tiempo para pasar con sus padres en lugar de tener mas cosas. el ya tenia suficiente de todo, y lo único que le faltaba es sentir un abrazo de mama al volver del cole. - Ya no quiero que sea por siempre domingo, sino que cada día tenga un poquito del domingo - Y así durmió, con su nuevo deseo en mente.

Al día siguiente fue lunes al fin. Tal como había pensado Gonzalito al inicio, cuando todos supieron cual fue el deseo, este automàticamente dejó de cumplirse.  Todo había vuelto a la normalidad, los negocios estaban abiertos, papá y mamà salieron a trabajar y de camino dejaron a Gonzalito en la escuela.

Ese mismo lunes por la tarde, cuando se activó el timbre de salida de la escuela, Gonzalito se preparaba para regresar a casa y grande fue su sorpresa, cuando vio que mamá lo esperaba en la puerta. Fueron juntos desde la escuela a hasta la casa, conversaron mucho, jugaron e e hicieron las tareas. Poco despuès llegó papá y cenaron todos juntos.

Con esfuerzo, dedicaciòn y mucha paciencia, los padres de Gonzalito lograron dedicarle un poco mas de tiempo durante la semana. Si trabajaban tan duro para asegurar el bienestar de su pequeño hijo pero no le dedicaban tiempo suficiente, realmente valía la pena?. 

El nuevo deseo cumplido del pequeño Gonzalito  no fue un milagro de cumpleaños, esta vez fue "magia" de Mamá y Papá.

FIN